El interruptor diferencial es el dispositivo encargado de detectar fugas de corriente a tierra y desconectar la instalación cuando esa fuga supera un valor determinado. Su función principal es proteger a las personas frente a contactos indirectos y reducir el riesgo de incendio, actuando en milisegundos cuando detecta una diferencia entre la corriente que entra y la que sale por los conductores activos.
En un cuadro eléctrico, el interruptor diferencial supervisa permanentemente fase y neutro. Si la corriente de retorno es inferior a la de ida, el dispositivo interpreta que hay una derivación a tierra, posiblemente a través de una carcasa metálica o incluso del cuerpo de una persona, y abre el circuito de forma automática. Por ello es un elemento obligatorio en instalaciones de baja tensión según el REBT y sus guías técnicas, que recomiendan diferenciales de alta sensibilidad ≤ 30 mA para protección de las personas.
A la hora de elegir un interruptor diferencial, conviene tener en cuenta tres parámetros básicos:
Corriente nominal (In) de un interruptor diferencial
Debe cubrir la intensidad máxima prevista en la línea protegida, sin convertirse en un cuello de botella. Existen interruptores diferenciales de 25 A, 40 A, 63 A, 80 A, 100 A, 125 A y otros valores. La corriente nominal se coordina con el interruptor magnetotérmico asociado para que el conjunto proteja correctamente cableado y receptores.
Sensibilidad (IΔn) del interruptor diferencial
La sensibilidad habitual en vivienda es 30 mA, considerada protección complementaria contra contactos directos y altamente eficaz frente a electrocución. Para protección frente a incendio y en cabeceras de línea pueden emplearse sensibilidades de 100 mA o 300 mA, siempre aguas arriba de diferenciales de 30 mA, a menudo junto con un protector sobretensiones en la cabecera del cuadro.
Tipo de diferencial según forma de onda de la fuga
La norma clasifica los interruptores diferenciales en:
- Tipo AC: para fugas senoidales de corriente alterna, tradicionalmente usado en vivienda.
- Tipo A: detecta fugas alternas y pulsantes de corriente continua, recomendado en circuitos con electrónica de potencia, cargadores, placas de inducción, etc.
- Tipo F y tipo B: pensados para cargas muy electrónicas o variadores de frecuencia, capaces de gestionar armónicos, corrientes mixtas AC/DC y aplicaciones como estaciones de carga de vehículo eléctrico.
Dentro de los tipos A, F o B existen versiones de diferencial SUPERINMUNIZADO, diseñadas para reducir disparos intempestivos debidos a armónicos, parásitos de red o corrientes de fuga de base elevadas. Son muy interesantes en entornos con mucha electrónica, cuadros con longitudes de cable importantes o instalaciones con variadores, grupos de bombeo e infraestructuras de recarga de vehículo eléctrico.
Además, existe la opción de diferencial rearmable, capaz de reconectar la instalación de forma automática tras un disparo siempre que la fuga haya desaparecido, lo que aporta continuidad de servicio en instalaciones sin supervisión constante. Su uso resulta práctico en cámaras frigoríficas, bombas, telecomunicaciones o instalaciones críticas donde una parada injustificada implica pérdida económica, aunque siempre se debe valorar la seguridad y el acceso posterior a revisión.
En instalaciones donde la detección de fugas se realiza mediante relé asociado, también puede recurrirse al toroide como elemento de medida, especialmente en cuadros eléctricos con supervisión más avanzada.
En resumen, la elección del interruptor diferencial adecuado pasa por combinar bien la corriente nominal, la sensibilidad, el tipo (AC, A, F, B) y, cuando procede, la tecnología SUPERINMUNIZADA o rearmable, asegurando una protección eficaz de personas, equipos e instalaciones frente a fugas de corriente y contactos indirectos.