Cómo elegir el amperaje de un magnetotérmico
Guía técnica elaborada y revisada por especialistas en material eléctrico.
Contenido desarrollado por el equipo técnico de SNAP Electro y actualizado en 2026 con enfoque práctico para instalaciones residenciales, terciarias e industriales.
Elegir correctamente el magnetotérmico adecuado es una de las decisiones más importantes en cualquier instalación eléctrica. Aunque todos estos dispositivos cumplen la misma función básica, proteger frente a sobrecargas y cortocircuitos, el amperaje determina cuándo actúan, qué protegen realmente y si la instalación queda bien coordinada con el cableado y con el resto de elementos del cuadro.
En la práctica, muchos errores en cuadros eléctricos no se deben a una mala instalación, sino a una elección incorrecta del calibre. Un magnetotérmico demasiado alto puede dejar el conductor con menos protección efectiva frente a sobrecarga, mientras que uno demasiado bajo puede provocar disparos continuos incluso cuando el circuito está funcionando dentro de lo esperable. Por eso, el amperaje no debe elegirse por costumbre ni copiando el de otra instalación aparentemente similar.
También conviene tener en cuenta que el valor en amperios no se interpreta de forma aislada. Debe coordinarse con la sección del conductor, la longitud de la línea, el método de instalación, la temperatura ambiente, el tipo de carga y el poder de corte necesario en el punto del cuadro donde se instala. Cuanto mayor es el calibre, más importante se vuelve comprobar todo el conjunto.
Por eso, entender cuándo usar un magnetotérmico de 10A, 16A, 20A, 25A, 32A o 40A es clave para diseñar un cuadro eléctrico seguro, equilibrado y adaptado al consumo real de la instalación. Esta guía está pensada para ayudarte a interpretar cada calibre con criterio práctico, tanto si estás revisando un circuito residencial como si estás comparando soluciones para líneas de mayor exigencia.
Contenido de la guía
- Qué significa el amperaje en un magnetotérmico
- Resumen rápido por amperajes
- Magnetotérmico 10A
- Magnetotérmico 16A
- Magnetotérmico 20A
- Magnetotérmico 25A
- Magnetotérmico 32A
- Magnetotérmico 40A
- Cómo elegir el magnetotérmico correcto
- Configuración habitual en vivienda
- Errores habituales
- Preguntas frecuentes
Qué significa el amperaje en un magnetotérmico
El amperaje de un magnetotérmico indica la corriente máxima que puede circular por el circuito de forma continua sin que el dispositivo dispare por sobrecarga en condiciones normales de funcionamiento. Este valor está directamente relacionado con la capacidad del conductor y con el tipo de carga que alimenta la línea. Por eso, cuando hablamos de un magnetotérmico de 10A, 16A o 25A, no estamos hablando solo de un número comercial, sino de un criterio de protección del circuito.
Desde un punto de vista técnico, el magnetotérmico protege principalmente el cable, no el aparato conectado. Esto es importante porque muchas veces se tiende a elegir el calibre pensando en el equipo, cuando en realidad el criterio correcto es proteger la línea para que no trabaje por encima de sus límites térmicos. Si el calibre es demasiado alto para la sección del conductor, el cable puede calentarse de forma peligrosa sin que el automático actúe a tiempo. Si el calibre es demasiado bajo, el circuito puede volverse inestable y disparar con consumos normales o con puntas esperables de funcionamiento.
Además, el valor en amperios debe interpretarse junto con otros parámetros del propio aparato. La curva de disparo, el poder de corte y el número de polos también influyen en el comportamiento real del magnetotérmico. Dos dispositivos con el mismo amperaje pueden no ser equivalentes si tienen distinta curva o distinto kA, ya que responderán de manera diferente ante picos de arranque o ante un cortocircuito severo.
Por tanto, elegir bien el amperaje no consiste simplemente en subir o bajar el valor nominal. Consiste en coordinar la protección con el cableado, la carga y el entorno eléctrico real de la instalación. Esa es la base de un cuadro bien dimensionado.
Resumen rápido por amperajes
Antes de entrar en detalle en cada calibre, conviene tener una visión general de los usos más habituales. Esta tabla no sustituye al cálculo ni a la verificación de la instalación, pero sí sirve como referencia práctica para entender qué magnetotérmicos suelen utilizarse con más frecuencia según el tipo de línea y la sección del conductor.
En instalaciones residenciales y terciarias pequeñas, hay configuraciones bastante repetidas: 10A para iluminación, 16A para tomas de corriente, 20A o 25A para líneas dedicadas y 32A o 40A para circuitos de mayor demanda o alimentación de subcuadros. Aun así, estas relaciones deben comprobarse siempre con el contexto real del circuito.
| Amperaje | Uso habitual | Sección orientativa |
|---|---|---|
| 10A | Iluminación | 1,5 mm² |
| 16A | Enchufes | 2,5 mm² |
| 20A | Líneas dedicadas | 4 mm² |
| 25A | Cocina / cargas medias | 6 mm² |
| 32A | Líneas de fuerza | 6–10 mm² |
| 40A | Subcuadros / alta carga | 10 mm²+ |
La tabla es útil como orientación, pero no debe utilizarse como una regla cerrada. Factores como la temperatura ambiente, el agrupamiento de cables, la longitud de la línea o la caída de tensión admisible pueden modificar el criterio final de selección. Precisamente por eso, a partir de aquí conviene analizar cada amperaje por separado.
Magnetotérmico 10A
El magnetotérmico 10A se utiliza principalmente en circuitos de iluminación. Está pensado para líneas con baja demanda eléctrica y conductores de sección reducida, normalmente 1,5 mm², siempre que las condiciones de instalación sean compatibles con ese calibre. Es uno de los valores más habituales en cuadros residenciales porque la iluminación sigue siendo uno de los circuitos básicos de cualquier instalación.
En este tipo de circuitos, el consumo suele ser relativamente estable y sin grandes picos de arranque, especialmente cuando se trata de luminarias convencionales o LED bien distribuidas. Esto hace que el comportamiento del magnetotérmico sea predecible y que la coordinación entre línea y protección resulte sencilla en la mayoría de los casos. Aun así, en instalaciones con muchas fuentes electrónicas, drivers o encendidos simultáneos, también puede ser necesario valorar la curva de disparo para evitar reacciones no deseadas.
El magnetotérmico de 10A tiene sentido cuando la línea está realmente concebida para iluminación o para receptores de baja potencia. Subir a un calibre superior sin necesidad no mejora la instalación, sino que puede reducir la protección efectiva del conductor. Por eso, cuando un circuito está cableado con 1,5 mm² y su uso es el habitual de alumbrado, el magnetotérmico de 10A suele ser la referencia lógica.
En oficinas, pasillos, zonas comunes o viviendas, este calibre sigue siendo una solución muy extendida. Su importancia no está tanto en la potencia que soporta, sino en que ofrece una protección ajustada a líneas de baja carga, lo que ayuda a mantener estabilidad y seguridad a lo largo del tiempo.
Magnetotérmico 16A
El magnetotérmico 16A es el estándar en circuitos de tomas de corriente. Protege líneas con cable de 2,5 mm² y es uno de los calibres más habituales en viviendas modernas, precisamente porque gran parte del uso real de la instalación pasa por enchufes y receptores conectados a ellos.
Se utiliza en circuitos donde conviven electrodomésticos, pequeños aparatos, equipos electrónicos y cargas variadas. Esa diversidad es lo que hace que el magnetotérmico de 16A sea especialmente importante: no protege una sola aplicación concreta, sino uno de los usos más frecuentes y exigentes de la instalación doméstica y terciaria ligera. Por eso suele considerarse uno de los calibres “críticos” dentro del cuadro.
Su selección debe hacerse teniendo en cuenta no solo la sección del conductor, sino también la forma en la que se usa el circuito. En teoría, una línea de 2,5 mm² con 16A es una combinación muy habitual y correcta. En la práctica, si a esa línea se conectan varios receptores de consumo elevado o se produce una concentración de carga en poco tiempo, el automático puede trabajar cerca de su límite. En esos casos, el problema no suele resolverse subiendo el calibre, sino repartiendo mejor las cargas o revisando el diseño del circuito.
En viviendas actuales, el magnetotérmico 16A se ha consolidado como el valor de referencia para enchufes porque ofrece un equilibrio adecuado entre capacidad de uso y protección del cable. Elegirlo bien es importante, pero también lo es no utilizarlo fuera de contexto. Un magnetotérmico de 16A no sustituye a un magnetotérmico de 10A de iluminación ni a uno de 25A o 32A de una línea específica de mayor demanda.
Magnetotérmico 20A
El magnetotérmico 20A se utiliza en líneas dedicadas donde el consumo es superior al de un circuito estándar, pero no requiere llegar a 25A. Es una solución intermedia muy útil cuando el circuito necesita más margen que un magnetotérmico de 16A, pero todavía no entra en el rango de cargas más altas.
Es habitual en líneas específicas para determinados electrodomésticos o receptores que, por su consumo o por su forma de funcionamiento, piden un escalón superior. Aquí ya empieza a ser más importante revisar con detalle la demanda real prevista, la simultaneidad de cargas y la sección del conductor, porque la diferencia entre una selección correcta y una selección forzada se nota mucho más que en los calibres bajos.
El magnetotérmico 20A suele tener sentido cuando la instalación busca una solución dedicada, con una línea más robusta y con menos riesgo de trabajar cerca del límite durante el funcionamiento normal. Es, por tanto, un calibre que suele aparecer en cuadros mejor organizados, donde se separan determinados usos para evitar sobrecargar los circuitos generales.
También conviene recordar que este calibre no debe elegirse como una forma de “dar más margen” sin revisar el cableado. Si el circuito no está preparado para 20A, subir el automático no resuelve el problema. Como en cualquier selección de magnetotérmico, el valor nominal debe estar coordinado con la capacidad real de la línea.
Magnetotérmico 25A
El magnetotérmico 25A se utiliza en circuitos con cargas más elevadas, como cocinas, hornos o líneas de mayor potencia. En este nivel, la coordinación entre conductor, consumo previsto y condiciones de instalación se vuelve mucho más importante, porque ya estamos en un rango donde el circuito puede trabajar con demandas sostenidas significativas.
Este calibre suele estar asociado a líneas con sección superior a las de los circuitos básicos de vivienda y a usos más exigentes desde el punto de vista térmico. A diferencia de un circuito de iluminación o de enchufes generales, aquí es más habitual que el receptor tenga una demanda clara, conocida y relativamente elevada. Por eso, la selección del magnetotérmico de 25A suele estar mucho más vinculada a una línea concreta y no a un uso genérico.
En la práctica, el magnetotérmico de 25A ofrece un punto de equilibrio interesante para cargas medias-altas. Permite proteger líneas con más capacidad sin necesidad de pasar todavía a escalones de fuerza más altos. Sin embargo, precisamente por ese punto intermedio, es un calibre que conviene revisar con cuidado: si la carga real está claramente por debajo, puede sobrar; si está claramente por encima o hay picos importantes, puede quedarse corto y obligar a valorar otros parámetros como curva o sección del cable.
Cuando se instala correctamente, el magnetotérmico 25A es una solución muy válida en circuitos dedicados de vivienda avanzada y en instalaciones terciarias ligeras. Su papel está menos extendido que el de magnetotérmico de 16A, pero técnicamente es muy relevante porque suele proteger líneas de bastante importancia dentro del cuadro.
Magnetotérmico 32A
El magnetotérmico 32A se utiliza en líneas de fuerza, circuitos de alta demanda o alimentación de subcuadros. En este calibre, la selección ya no puede hacerse con criterios simplificados, porque entran en juego factores como los picos de arranque, la distribución de cargas, la proximidad al origen de suministro y la capacidad real del cuadro.
Un magnetotérmico de 32A tiene sentido cuando el circuito necesita claramente más margen que un magnetotérmico de 25A y la instalación está preparada para ello. En estos niveles, ya no basta con fijarse solo en el amperaje. También hay que revisar con más atención la curva de disparo, el poder de corte y la coordinación con el resto de protecciones, especialmente si el circuito alimenta receptores exigentes o varias cargas agrupadas.
En líneas de fuerza o cargas con consumo alto sostenido, este calibre puede ser una solución lógica y estable. Pero si se elige simplemente para “evitar que salte”, puede convertirse en un error serio, porque un cable insuficientemente protegido no va a quedar más seguro por el hecho de tener más amperios disponibles. Al contrario, puede trabajar durante más tiempo por encima de lo deseable sin que la protección actúe.
Por eso, el magnetotérmico 32A suele verse en instalaciones donde ya existe un nivel técnico mayor de diseño del cuadro. Es un calibre muy útil, pero exige más criterio de selección que los escalones inferiores. Bien dimensionado, aporta margen y estabilidad. Mal elegido, puede generar el efecto contrario.
Magnetotérmico 40A
El magnetotérmico 40A se utiliza en líneas de alta capacidad, cuadros secundarios o instalaciones con elevada demanda energética. No es un calibre típico de vivienda estándar, sino de líneas con más entidad eléctrica, donde la potencia, la capacidad del conductor y la severidad del entorno del cuadro son mayores.
En este nivel, ya es especialmente importante revisar el poder de corte y la posición del dispositivo dentro de la instalación. Un magnetotérmico de 40A suele instalarse en líneas que están más cerca de cuadros principales o subcuadros, donde la corriente de cortocircuito disponible puede ser más alta. Esto significa que el kA del magnetotérmico deja de ser un detalle secundario para convertirse en un dato crítico de selección.
También debe analizarse el tipo de red y la configuración por polos. En estos calibres es frecuente encontrar soluciones bipolares, tripolares o tetrapolares según el uso del circuito y el esquema de distribución. La elección del formato influye en la maniobra, en la protección y en la coherencia general del cuadro.
El magnetotérmico 40A es, en definitiva, un calibre orientado a instalaciones más exigentes. Puede ser una solución muy adecuada cuando el circuito realmente lo necesita, pero no debe utilizarse como un “salto por seguridad” frente a un magnetotérmico de 32A o 25A si la línea no está diseñada para ello. Cuanto mayor es el calibre, más importante es que todo el sistema esté bien coordinado.
Cómo elegir el magnetotérmico correcto
La elección del amperaje no debe hacerse de forma aislada. Depende de varios factores que deben analizarse conjuntamente para que la protección sea técnicamente correcta y el circuito funcione con estabilidad en condiciones reales. El primero es la sección del conductor, porque el magnetotérmico debe proteger la línea frente a sobrecarga. El segundo es la carga real del circuito, es decir, cuánto consume y cómo lo hace. El tercero es la curva de disparo, que influye directamente en la tolerancia frente a picos de arranque. Y el cuarto es el poder de corte, imprescindible para que el aparato pueda interrumpir un fallo severo con seguridad.
También influye el tipo de instalación. No es lo mismo seleccionar un magnetotérmico para una vivienda con circuitos muy definidos que para un subcuadro, una línea de fuerza o una instalación terciaria con cargas variables. A medida que aumentan el calibre y la complejidad del entorno, más importante resulta revisar el cuadro como sistema y no como una suma de aparatos aislados.
Además, el magnetotérmico debe coordinarse con el interruptor diferencial y con el resto de protecciones del cuadro para garantizar un funcionamiento correcto. Una instalación bien resuelta no solo protege bien, sino que también sectoriza correctamente los fallos, evita disparos innecesarios y facilita el mantenimiento.
En resumen, elegir bien un magnetotérmico significa combinar adecuadamente amperaje, conductor, curva, kA y contexto de instalación. Cuando todos esos factores encajan, la línea queda protegida y el cuadro trabaja de forma estable. Cuando se elige solo por costumbre o por “dar más margen”, empiezan los problemas.
Configuración habitual en vivienda
En una vivienda estándar existen configuraciones que se repiten con mucha frecuencia y que sirven como orientación práctica. La iluminación suele protegerse con un magnetotérmico de 10A, las tomas de corriente con magnetotérmicos de 16A y determinadas líneas dedicadas con magnetotérmicos de 20A o 25A, según el tipo de carga y la sección del cable. En algunos casos, cargas más altas o líneas específicas pueden requerir magnetotérmicos de 25A o 32A, siempre que el diseño del circuito lo justifique.
Esta organización del cuadro responde a una lógica sencilla: repartir las cargas por circuitos según su uso, evitando que una sola línea concentre demasiada demanda y permitiendo que un problema puntual no deje sin servicio toda la instalación. Esa sectorización es parte fundamental de la seguridad y también de la comodidad de uso.
- Iluminación → 10A
- Enchufes → 16A
- Líneas dedicadas → 20A / 25A
- Cargas altas → 25A / 32A
Aun así, esta configuración no debe tomarse como una norma cerrada para cualquier caso. Hay viviendas con más carga electrónica, cocinas más exigentes, climatización potente o cuadros secundarios que obligan a revisar la selección con más detalle. La guía práctica ayuda, pero la verificación técnica sigue siendo imprescindible.
Errores habituales
Uno de los errores más frecuentes es elegir el amperaje sin considerar el cable. Es probablemente el fallo más importante, porque rompe la lógica básica de protección de la línea. Otro error habitual es sobredimensionar el magnetotérmico para evitar disparos, cuando en realidad el problema puede estar en la carga, en el reparto de circuitos o en la elección de la curva de disparo.
También es común no tener en cuenta el tipo de carga. No es lo mismo una línea resistiva relativamente estable que un receptor con picos de arranque o una combinación de varios equipos funcionando a la vez. Ignorar ese comportamiento puede dar lugar a un cuadro que, sobre el papel, parece correcto, pero que en la práctica resulta inestable.
Otro fallo muy repetido es no revisar el poder de corte. En calibres altos o en cuadros cercanos al origen de suministro, elegir un magnetotérmico solo por el amperaje sin comprobar el kA puede ser una mala decisión técnica. Del mismo modo, copiar el calibre de otra instalación sin verificar las condiciones reales del circuito suele conducir a errores de selección.
Estos errores pueden provocar desde disparos constantes hasta riesgos reales en la instalación. Evitarlos es, en la práctica, una de las mejores formas de mejorar tanto la seguridad como la continuidad de servicio del cuadro eléctrico.


























































































































































































